La icónica conductora Mirtha Legrand cerró un capítulo de polémicas que se extendió por casi ocho años con un gesto que, más allá de lo judicial, buscó sanar heridas en el ámbito mediático. En el último programa de 2025, emitido el sábado 27 de diciembre, la diva de la televisión argentina se dirigió a la audiencia con un tono inusualmente solemne: *”Esto es muy serio”*, advirtió antes de leer un mensaje que puso fin a un conflicto que había escalado hasta los tribunales. Con voz pausada, Legrand ofreció disculpas públicas *”en mi nombre y en el de la producción”* al periodista Alejandro Fantino y a su familia, un gesto que formaba parte de un acuerdo judicial alcanzado entre ambas partes.
El origen del litigio se remonta a un episodio ocurrido en 2018, cuando Fantino fue invitado al programa de Legrand, pero la dinámica del programa se vio alterada por la participación de la periodista y activista trans Diana Jaitt. Sus declaraciones, consideradas ofensivas por Fantino, desencadenaron una serie de reacciones que terminaron en demandas legales. Aunque días después del escándalo, Nacho Viale —nieto de Legrand y productor del ciclo— asumió públicamente la responsabilidad, reconociendo que la producción no había logrado contener la situación y que la conductora se había sentido *”avasallada”* por los dichos de la invitada, las disculpas iniciales no bastaron para resolver el conflicto.
El acuerdo judicial, que finalmente se concretó este año, incluyó una compensación económica de 13.000 dólares, una suma que Fantino decidió destinar en su totalidad a una causa solidaria. El periodista cumplió su palabra y realizó la donación al Hospital J. B. Iturraspe de San Francisco, Córdoba, una ciudad con la que mantiene vínculos personales. La elección del centro de salud no fue casual: se trata de una institución que ha sido clave en la región y que, según fuentes cercanas al periodista, representa un lugar significativo en su historia.
El desenlace de este prolongado conflicto no solo marca el cierre de un episodio incómodo para la televisión argentina, sino que también refleja cómo, incluso en el mundo del espectáculo, las disputas pueden encontrar una resolución que trascienda lo legal. Legrand, con su mensaje en pantalla, buscó dejar atrás las tensiones, mientras que Fantino transformó un momento de confrontación en una oportunidad para apoyar a una comunidad que lo ha acompañado en distintos momentos de su vida. Más allá de los detalles del acuerdo, lo que queda es la imagen de dos figuras públicas que, cada una a su manera, intentaron cerrar una herida que había permanecido abierta durante demasiado tiempo.


