El pasado miércoles, la Ciudad de México vivió una jornada de caos vial sin precedentes tras el colapso parcial de un tramo elevado de la Línea 12 del Metro, uno de los sistemas de transporte más transitados de la capital. El incidente, ocurrido alrededor de las 10:30 de la mañana, dejó al menos 25 personas lesionadas y provocó el cierre temporal de varias estaciones, generando un efecto dominó en la movilidad de millones de usuarios que dependen diariamente de este servicio.
De acuerdo con testimonios de pasajeros y autoridades, el derrumbe se registró entre las estaciones Olivos y Tezonco, en la alcaldía Tláhuac, una zona densamente poblada donde el Metro es la principal opción de transporte. Testigos describieron escenas de pánico cuando, de manera repentina, se escuchó un estruendo metálico seguido del desplome de una sección de la estructura. “Fue como si el mundo se detuviera por un segundo. La gente gritaba, algunos se tiraron al suelo para protegerse”, relató una usuaria que viajaba en uno de los vagones afectados.
Los equipos de emergencia actuaron con rapidez: paramédicos, bomberos y elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana llegaron al lugar en cuestión de minutos para atender a los heridos, algunos de los cuales presentaban fracturas y golpes de consideración. Afortunadamente, no se reportaron víctimas mortales, aunque tres personas permanecieron en observación hospitalaria por politraumatismos. Las autoridades descartaron, en un primer momento, que el colapso hubiera sido causado por un sismo, aunque señalaron que se investigan posibles fallas estructurales o errores en el mantenimiento.
El tramo afectado, inaugurado en 2012, había sido objeto de críticas en el pasado por supuestos problemas en su construcción. Expertos en ingeniería civil consultados recordaron que, en 2014, un informe técnico ya advertía sobre grietas y corrosión en los pilares de soporte, aunque las autoridades de ese entonces aseguraron que los riesgos estaban bajo control. Este nuevo incidente reavivó el debate sobre la seguridad de las obras públicas en la ciudad, especialmente en infraestructuras con más de una década de antigüedad.
Mientras tanto, el gobierno local implementó un plan de contingencia para mitigar el impacto en la movilidad. Se habilitaron rutas alternas de transporte público, incluyendo autobuses de la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) y unidades del Metrobús, aunque los usuarios reportaron demoras de hasta dos horas en sus trayectos habituales. “Es un desastre. Llegué tarde al trabajo y ahora no sé cómo voy a regresar a casa”, comentó un oficinista que esperaba en una parada improvisada.
La Línea 12, conocida como la “Línea Dorada”, conecta el oriente de la ciudad con el centro y es utilizada por más de 350 mil personas al día. Su cierre parcial no solo afectó a los habitantes de Tláhuac e Iztapalapa, sino que también generó congestión en otras líneas del Metro, como la 2 y la A, que registraron saturación en horas pico. Las autoridades anunciaron que los trabajos de reparación podrían extenderse por varias semanas, aunque no precisaron una fecha exacta para la reapertura del tramo dañado.
Este suceso se suma a una serie de incidentes que han puesto en entredicho la confiabilidad del sistema de transporte capitalino. En 2021, un accidente en la misma Línea 12 dejó 26 personas muertas y más de 70 heridas, lo que llevó a una revisión exhaustiva de su infraestructura. Aunque en esta ocasión no hubo pérdidas humanas, el episodio reabrió heridas y planteó preguntas incómodas: ¿Están realmente seguros los usuarios del Metro? ¿Por qué persisten los problemas en una obra que costó miles de millones de pesos?
Mientras las autoridades prometen transparencia en la investigación, los ciudadanos exigen respuestas concretas y soluciones a largo plazo. Para muchos, el colapso no es solo un fallo técnico, sino el reflejo de una crisis más profunda en la gestión de los servicios públicos. En una ciudad donde el transporte es sinónimo de supervivencia diaria, la confianza en el sistema se resquebraja con cada incidente, dejando a los usuarios atrapados entre la necesidad y la incertidumbre.